Teresa Llinás

La agorafobia NO es el miedo a los espacios abiertos (o no del todo)

Existe la idea general de que la agorafobia es un intenso miedo a los espacios abiertos. Esto está apoyado incluso por la etimología de la palabra, puesto que el Ágora era la plaza pública en la Grecia Antigua, así que es normal que popularmente se le dé este significado, pero si investigamos un poco más, veremos que la persona con agorafobia realmente a lo que teme es a que le ocurra algo fuera de un ámbito seguro. 

Por mi experiencia en el tratamiento de este tipo de fobias, puedo decir que  si tuviera que resumir este trastorno en una frase, esta sería: 

 

AGORAFOBIA: miedo a perder el control

Con mis pacientes solemos comentar que las personas fóbicas se convierten en «adictos al control«. Esto es perfectamente entendible, ya que el hecho de bajar la guardia, aunque solo sea un instante, puede significar tener que enfrentarse al objeto o situación que temen. 

 

Por ejemplo, una joven con zoofobia (fobia a los animales) me comentaba ayer mismo que cuando subía al metro, siempre se quedaba de pie y al lado de la puerta, pues no podía soportar la idea de que alguien con un perro se pusiera a su lado si se sentaba. 

En el caso de una persona con agorafobia, esto se multiplica, puesto que temen salir de un entorno seguro. Un entorno seguro no tiene porqué ser siempre su casa, es relativamente fácil encontrar casos en los que no hay problema en salir fuera si va acompañada de una persona de su confianza. 

El terror viene de imaginar que estando solo pueda sufrir un ataque de pánico y no poder recibir ayuda o salir de allí.  O sufrir cualquier tipo de percance y verse atrapado entre la multitud.

Por esta razón es una fobia tan incapacitante. Además, los mecanismos de nuestra mente hacen que cada vez sea más y más complicado salir de ella.

Nuestro cerebro secreta dopamina (neurotransmisor que nos hace sentir una sensación de placer y triunfo) en respuesta a las conductas de evitación propias de quien sufre agorafobia, con lo que esto se convierte en una situación de difícil salida.

De hecho, la agorafobia se considera como una fobia compleja, debido precisamente a la diversidad de aspectos a tratar en ella.

Las razones por las que puede aparecer son muchas, pero por poner algunos ejemplos:

  • El haber sufrido algún episodio traumático en algún lugar más o menos público. Puede ser que le haya ocurrido a la persona, o también que se haya visto en medio de una escena similar aunque no le haya ocurrido nada directamente.
  • El miedo a ser juzgado por los demás. Esto es una, por desgracia, poderosa combinación, que puede derivar también en una fobia social
  • El hecho de padecer un trastorno por ansiedad, que hace que la persona siempre esté temiendo lo peor en cada situación.

 

 

Visto así, podría decirse que la agorafobia tiene difícil solución. Aunque si bien es más costosa de superar que una fobia específica (aquellas fobias que todo el mundo conoce, por ser las más comunes, y cuyo miedo es más definido), también se puede superar.

Gracias a los últimos avances en neurociencia, disponemos de múltiples herramientas para acercarnos a la mente del agorafóbico para conseguir desactivar los mecanismos que llevan a esta respuesta irracional. Si te interesa el tema, aquí puedes leer sobre mi sistema de superación de fobias.

No obstante, es deseable que cuando uno ve que incurre en estos comportamientos, busque ayuda profesional. Porque…

 

Nunca es tarde para llegar a ser la persona que te gustaría ser.

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