Teresa Llinás

Aporofobia: Fobia a los pobres, o la fobia que no lo es.

Cada año la Fundeu (Fundación del español urgente) hace una selección de palabras que se han estado usando de manera generalizada y relevante, y designa una de ellas como “palabra del año”.

Aporofobia ha sido una de las elegidas este año y, aunque no ha sido la ganadora (microplástico ha sido la que finalmente se ha llevado el honor) pone de relieve la importancia de esta fobia.

 

A menudo se utilizan palabras que, aún llevando el sufijo -fobia, realmente no se pueden considerar como tal. Estas palabras son homofobia, xenofobia, LGTBfobia, etcétera.

 

Aunque, como digo, llevan el sufijo -fobia no entrarían dentro de esta categoría, puesto que, más que miedos irracionales e ilógicos que tienen su origen en la mente inconsciente, serían más bien “sensaciones de rechazo, miedo y/o asco que despiertan en algunas personas determinados colectivos”

 

 

¿En qué se diferencia de una fobia verdadera?

Lo que las diferencia de las fobias propiamente dichas es que estas pseudofobias no son realmente un trastorno de ansiedad, sino una manera que tiene la mente de lidiar con aquello que no conoce, canalizando este sentimiento de inseguridad mediante el rechazo.Puedes saber como distinguir entre miedo y fobia en este artículo.

En estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir hay un claro sentimiento de insatisfacción (y con la ayuda externa muchas veces de los medios de comunicación masivos), dirigimos nuestra frustración y rabia hacia objetivos que nos son ajenos…

Lo que caracteriza este tipo de comportamiento es el desconocimiento del colectivo al que dirigimos nuestra “fobia”

Nuestra mente, al encontrarse con algo nuevo y desconocido, necesita catalogarlo de alguna manera, y si además nos encontramos en un momento complicado, nos resulta fácil descargar nuestras emociones negativas sobre ese “algo” nuevo.

Cuando ocurre algo doloroso, nos es más fácil lidiar con nuestras emociones si podemos enfocarnos en un “culpable”, y si ese culpable nos viene servido en bandeja por “los de arriba”, mejor que mejor.

Pero ojo, hay un «peligro». Que ese colectivo desconocido al que tememos deje de serlo.

¿Y si fueras una persona homófoba y de repente tu mejor amigo te confiesa que es gay?

¿O tienes una hija y se enamora de otra mujer… Quizás en caliente le despreciaras, pero ¿de verdad no te haría pensar un poco en toda esta cuestión?

Por ejemplo, ¿por qué nos causa rechazo un inmigrante pobre pero no lo hace alguien de la misma nacionalidad que en cambio es médico?

 

La respuesta es que tenemos miedo a lo que no conocemos y podríamos considerar una amenaza.

Esto es normal, pero a diferencia de las fobias verdaderas, estas podemos superarlas con la lógica y algo de sentido común.

Basta con dilucidar qué parte de nuestro miedo, rabia, asco… viene de nuestro juicio interno. Al hacerlo consciente, ya tenemos la mitad del camino recorrido. Sólo queda ahora trabajar en esas emociones para poder liberarlas.

Tengo un vecino que siempre dice que si todos cobráramos 3000 euros, no habría lugar a estas cosas…que todos seríamos más felices. Y tiene razón, pero de eso os hablaré otro día.

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