Teresa Llinás

«No consigo quedarme embarazada», o cuando tu cuerpo obedece a tus emociones.

Lamentablemente, cada vez son más las parejas que intentan concebir y no lo consiguen. No hay más que ver la cantidad de publicidad sobre clínicas de reproducción asistida y sistemas para conocer los ciclos de fertilidad de las mujeres.

Sin embargo, en  muchas ocasiones no hay una razón física detrás que sostenga esta imposibilidad. Entonces hay que entrar a valorar otras posibilidades más allá de las meramente biológicas, incluso el sufrir una tocofobia.

Y en la ecuación entra una incógnita más:

¿Y si lo que impide el embarazo son tus propias emociones?

Es bien conocido que entre los efectos del estrés sostenido, se encuentra la disminución de testosterona, cosa que afecta en la producción de espermatozoides en los hombres y en la disminución del deseo sexual en ambos miembros de la pareja.

Y con el estrés se crea un círculo vicioso en el cual se ven envueltas muchas parejas y del que es complicado salir.

Cuando la idea de concebir ronda por tu cabeza desde hace bastante tiempo y no consigues quedarte embarazada, puede haber una cierta obsesión que haga que el tema se convierta en algo mecánico y bastante desesperante. 

Es normal que pase incluso más de un año hasta que una mujer logre quedarse embarazada de forma natural (aunque depende de muchos factores)y, desde luego, el apremio no ayuda a estar relajada, ¿verdad?

¿Por qué no me quedo embarazada?

En la actualidad, cada vez más profesionales de la salud son conscientes de que la relación entre cuerpo y mente es mucho más estrecha de lo que siempre se había pensado, y es que

Las emociones inciden en un alto porcentaje en las posibilidades de embarazo.

¿Cuántas veces hemos oído hablar de parejas que, dándose por vencidas en intentar concebir por ellos mismos, han adoptado a una criatura y, de manera inesperada, se han quedado embarazados?

Esto nos da una ligera idea de lo importantes que resultan las emociones en el proceso de querer aumentar la familia. 

Si bien aparentemente todo nuestro foco está puesto en concebir, quizás existan disonancias internas de carácter emocional que pueden hacer que esto se vuelva muy difícil.

 Y, aparte del estrés del que hablábamos antes, que puede tener diferentes orígenes

  • a nivel laboral
  • a nivel de ver cómo se pasa el tiempo y saber que cada año que pasa es más difícil que una mujer quede encinta 
  • puede ser por la presión externa de los de alrededor que no paran de preguntar cuándo vas a ser madre, etc…

También hay otros pensamientos y emociones que pueden estar haciendo difícil tu sueño de ser madre y que no resultan tan obvios. Podrías estar sufriendo algún nivel de  fobia al embarazo (tocofobia) 

Llegados a este punto en el que nada de lo que hayas intentado ha dado resultado, quizás deberías empezar a plantearte buscar un poco más allá.

El estrés y la ansiedad, causas por las que no te quedas embarazada.

Tu mente se divide en dos partes.

– La mente consciente, donde se encuentran tus anhelos, tu raciocinio, tus deseos y tu lógica.

– Y por otra parte, tenemos a la mente inconsciente. Es donde se ocultan tus miedos,  tus valores más arraigados, los mensajes que te ha transmitido tu familia desde que naciste.

La mente inconsciente engloba un 96% de los procesos mentales, mientras que la mente racional se queda con un 4%. Por esto no es difícil suponer cuál de las dos partes es más relevante.

Plantéate si en algún momento, te ha venido alguna de estos pensamientos:

 

  • ¿Sabré cuidar de mi bebé?
  • Tengo miedo a perder mi estilo de vida actual
  • Quizás sea demasiado mayor para ser madre
  • Mi relación de pareja se va a resentir.
  • ¿Y si no sé querer a mi hijo?
  • Voy a tener que sacrificar mi faceta profesional
  • Mi cuerpo nunca va a ser el mismo
  • Tengo miedo de la depresión post-parto

Si te reconoces en alguno, tienes que saber que son pensamientos totalmente normales, aunque puedas llegar a sentirte culpable por tenerlos.

Es precisamente la gran carga emocional que tienen estos pensamientos los que hacen que, inconscientemente, tu mente no quiera que te  quedes embarazada.

Realmente, cómo va a querer, con  

tantos pensamientos limitantes? Además, seguro que muchos de ellos ni te has atrevido a hablarlos con alguien, con lo que esa carga se hace todavía más pesada.

¿Qué puedo hacer para no tener estos pensamientos?

Lo primero que deberías hacer es sacarlos fuera. Puede ser con alguien de confianza, una amiga, hermana, quizás hasta tu madre. O tú misma. 

Un consejo que te doy y que yo utilizo mucho en el tratamiento de fobias, es que lo verbalices contigo misma.

 Busca un momento para ti, en un sitio tranquilo donde puedas disfrutar de un rato de soledad y, simplemente, repite cada uno de los pensamientos limitantes que te vienen a la cabeza al pensar en quedarte embarazada. En voz alta y prestando total atención a tus palabras, sintiéndolas. Verás como, al oírlas en voz alta, notas cambios en tu percepción de las mismas.

Repite varias veces este ejercicio notando como varían tus sensaciones.

También es muy útil el recabar todo tipo de información que te ayude a contrastar tus pensamientos con la realidad.

¿Sabías que hay numerosos ejemplos de atletas que, después de haber sido madres mejoraron sus marcas anteriores?

Este tipo de información que encontrarás fácilmente en internet hará que te des cuenta de que el embarazo es algo natural, que lleva ocurriendo desde el principio de los tiempos y que, como tal, debemos tomarlo. Como algo que hemos elegido y que enriquecerá nuestra vida.

No obstante, si ves que te resulta imposible quedarte embarazada y no hay una razón meramente física, es altamente recomendable que acudas a un profesional que te ayude a «curar» tu fobia y tus miedos.

El tratamiento para esta fobia tiene muy buenos resultados en la superación de la misma y sobre todo el gran descubrimiento de una nueva TÚ con el ánimo y la tranquilidad necesarias para disfrutar de tu próxima maternidad.

Teresa Llinás-                                                                                Superación de fobias.

 

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