Tengo miedo a las alturas, pero no a volar. (Diferencia entre acrofobia y aerofobia).

Un amigo me contaba el otro día que pensaba que tenía fobia a las alturas, pero que le parecía raro, ya que volar en avión le encantaba.

Le expliqué que era normal, ya que hablamos de dos fobias diferentes, y que sufrir una de ellas, no indicaba necesariamente tener que sufrir las dos.

Diferencias entre aerofobia y acrofobia

Si hablamos desde un punto de vista antropológico, la acrofobia es uno de los miedos más comunes, el miedo a las alturas.

Decimos que es más «normal» porque el ser humano de manera natural, nace teniendo miedo a caer, miedo que podríamos decir que nos protege, ya que ese miedo evita que comprometamos nuestra vida.

Sin embargo, la fobia a volar se trata de una fobia compleja, ya que en ella confluyen diversos miedos que, de manera irracional, podrían llegar a impedir que disfrutemos de algo tan bonito como conocer sitios lejanos y nuevas culturas.

Características de la acrofobia

Las fobias se pueden presentar de mil maneras distintas, según sea la persona. Como decíamos, los humanos al nacer ya tenemos miedo a caer, aunque esto va cambiando con la edad y las situaciones y características de cada persona.

Generalmente, decimos que los niños «no ven el peligro», sin embargo, esto va cambiando conforme avanza nuestra vida, y conforme se cumplen años y nuestros reflejos y rapidez de movimiento van disminuyendo, nuestra fobia a las alturas (hablando desde asomarte a un mirador de una montaña hasta de subir a una escalera) puede ir aumentando.

La amígdala, (no la de la garganta, sino la del cerebro 🙂 ) es un vestigio de nuestra mente más ancestral, y es la que rige nuestras respuestas más automáticas. Es la que busca nuestra mera supervivencia y, por tanto, nos hace tomar decisiones ultrarrápidas en ocasiones en las detecte un peligro para nuestra vida.

Lo más normal es que nos haga huir de la situación, y desarrollaremos diversos síntomas que son comunes a casi todas las fobias:

  • Ansiedad
  • Sudoración
  • Palpitaciones
  • Dolor de estómago
  • Náuseas
  • Pensamientos repetitivos sobre el peligro

Características de la aerofobia

Como comentábamos antes, el miedo a volar en avión es una de las llamadas fobias complejas.

Estas se llaman así por ser miedos creados en la edad adolescente o adulta en gran medida, y tratarse de una reacción inconsciente a varias situaciones. En este caso particular, el miedo puede sufrirse ante varios momentos del vuelo, aunque no solo se sufre cuando la persona está volando, sino incluso ante la mera posibilidad de montarse en un avión, globo, avioneta, etc…

Para poner un ejemplo, hablemos de María.

María es una chica joven, no llega a la treintena, y por tanto comparte muchos planes con sus amigas. Hay tanto mundo por descubrir…

Y ella se apunta a todo, salidas al monte, comidas con amigos, conciertos… Pero, ¡ay cuando oye que planean una escapada de fin de semana a alguna ciudad europea! Se le cambia hasta el color.

Solo de oir nombrar la palabra «avión», un profundo malestar posee su cuerpo. Se imagina el momeno del despegue, con ese acelerón brutal y tanto ruido. Y ay ese momento en el que nota que el avión se despega del suelo… ¡por no hablar si llega a haber turbulencias! No hay nada en el mundo que le apetezca menos que pasarlo tan mal.

Y sí, María ha leído mil artículos en los que hablan de manera racional de que el avión es el modo de viajar más seguro que existe, que no hay que ponerse nervioso, que el truco para no pasar miedo es mantener la mente ocupada, bla, bla, bla…

Pero no. Nada de eso funciona con ella. Porque ella, desde la mente lógica y racional, entiende todo lo que lee, y se da cuenta de que está perdiendo mil ocasiones para pasarlo bien con sus amigos, y conocer nuevas culturas… eso lo sabe, pero NO PUEDE.

Y, ¿por qué no puede? ¿Qué se lo impide?

Consciente e inconsciente

Como hemos visto en el ejemplo, las personas que tienen una fobia comprenden de manera racional que no tienen nada que temer. Sin embargo, no son capaces. Esto sucede porque los miedos residen en nuestra mente inconsciente, y por más que desde la racionalidad intentemos convencernos de algo, no seremos capaces.

Nuestra mente racional supone un 4% de todo nuestro pensamiento, así que queda un 96% restante en el que nos movemos de manera casi automática, por impulsos de distinta índole. Creencias impuestas desde la niñez, rasgos de la mente más ancestral de la raza humana, traumas sufridos y que han dejado una impronta…

Y por más que nos empeñemos en tratar las fobias (o miedos irracionales) desde la parte racional de nuestra mente, es como intentar ganar un partido de fútbol jugando con las reglas del baloncesto.

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